Hoy, día 4 de marzo, conmemoramos el Día Mundial contra la Gordofobia, una fecha fundamental
para las personas y asociaciones que, como ACABE, trabajamos con personas afectadas por
Trastornos de la Conducta Alimentaria. Queremos aprovechar este espacio para explicar, de forma
sencilla, por qué la lucha contra el estigma del peso es, en realidad, una lucha por la salud mental y
el bienestar de todas y todos.
¿Qué es realmente la gordofobia?
A menudo se piensa que es solo un insulto o una burla, pero es algo mucho más profundo. Es un
sistema de prejuicios que juzga a las personas por su tamaño bajo tres grandes excusas: la estética
(decir que un cuerpo es feo), la salud (asumir que está enfermo solo por su tamaño) y la moral
(creer que esa persona «no tiene fuerza de voluntad»). Esta discriminación está tan naturalizada que
muchas veces no nos damos cuenta de cómo nos rodea en el médico, en el trabajo o en las redes
sociales.
La salud no se puede medir con un escáner visual
Uno de los mitos más dañinos es creer que el peso define si alguien está sano o no. La salud es
multifactorial: depende de la genética, del entorno, de las emociones y del acceso a recursos, no
solo de lo que comemos o cuánto nos movemos. Estar delgada no es garantía de salud, ni estar
gorda es garantía de enfermedad. Lo que sí enferma, y mucho, es vivir bajo el juicio constante de los
demás.
El peso de las palabras y los TCA
En ACABE vemos cómo el estigma del peso funciona como un motor que impulsa los trastornos
alimentarios. Cosas que parecen inofensivas, tales como comentarios relacionados con la imagen o
la necesidad de restringirnos en nuestra alimentación (por ejemplo, «qué flaca estás» o «no como esto
porque engorda»), aumentan la insatisfacción corporal y el riesgo de desarrollar un TCA. El miedo a
la gordura se convierte en una prisión que nos quita tiempo, energía y alegría de vivir.
Nuestro compromiso: Cambiar la mirada, no el cuerpo
En este 4 de marzo, reivindicamos que:
- Tu cuerpo es tu hogar, no un problema que debas solucionar o esconder.
- La diversidad corporal es una riqueza: los cuerpos vienen en todas las formas y tamaños, y
todos merecen el mismo respeto y atención médica de calidad. - La prevención empieza en la empatía: necesitamos colegios y entornos libres de bullying así
como profesionales sanitarios sensibilizados y formados en este tema.
LIdia Manjón Barredo. Psicóloga ACABE Bizkaia